Cobro por derecho de piso, robo de identidad y amenazas telefónicas: las extorsiones en México alcanzan cifras récord en 2021

Un sábado por la mañana a mediados de diciembre una empresaria de la Ciudad de México recibió un mensaje de ayuda de una de sus colaboradoras más cercanas para pedirle ayuda por un “problema personal”. El contacto de WhatsApp no dio más detalles. Al día siguiente, la insistencia de esa persona creció hacia la emprendedora: “Me urge que me deposites 10.000 pesos, tengo trabada mi aplicación y como no abren los bancos no puedo tener dinero a mi dinero, por favor ayúdame”, rezaba uno de los mensajes. La mujer accedió y recibió entonces los números de una cuenta bancaria y la promesa de que en menos de 24 horas sería saldada la deuda.

Momentos después de enviar el recibo del depósito, comprendió que algo andaba mal. Hasta ese momento verificó que el nombre de la cuenta no estaba al nombre de la mujer conocida. Del otro lado del teléfono, aún sin saberlo, una persona respondía que no había problema, que esa cuenta era de un familiar que la había auxiliado por el bloqueo de su aplicación bancaria. Dos horas más tarde, los contactos en común con la persona alertaban sobre estos peculiares menajes de ayuda con urgencia de un depósito por miles de pesos. Fue ahí cuando la empresaria fue consciente de que había sido víctima de una extorsión telefónica. “Era la misma foto de la persona que yo conocía, tiene dos hijos pequeños, yo creí que si me estaba pidiendo dinero era por algo importante”, refiere la afectada.

Semanas más tarde, uno de sus colegas le pidió un préstamo por 50.000 pesos porque supuestamente le habían secuestrado a su nieto. Una falta de ortografía en la palabra “hacer” fue la ventana para que la mujer se percatara de que nuevamente era un intento de robo, por lo que alertó en los grupos de WhatsApp donde este contacto estaba añadido sobre la suplantación de identidad. Su sorpresa fue que del otro lado del teléfono el hacker comenzó a amenazarla: “Nos las vas a pagar perra”, recuerda la empresaria entre el miedo y el asombro.

La mujer, dedicada desde hace 20 años al sector de servicios, prefiere no dar a conocer su nombre por miedo a que los agresores puedan identificarla y hacerle daño. “Se ve que estos delincuentes te estudian, en los dos casos, redactaron el mensaje con las palabras con las que normalmente me buscaban esas personas en WhatsApp. Utilizan los mismos diminutivos, los mismos adjetivos, entonces eso te genera confianza”, detalla.

Aunque ella intentó presentar una denuncia desde el primer caso ante la Policía Cibernética solo encontró trabas burocráticas que atascaron el proceso. Pese a las llamadas, la relatoría de hechos y las capturas de pantalla compartidas con las autoridades la respuesta fue nula, así que solo le quedó la frustración y su propósito de alertar a familiares y conocidos sobre este nuevo modus de extorsión a través del robo de identidad en esta red social. “Es muy desagradable, por tratar de ayudar acabé siendo robada. Tengo tres hermanos y uno también cayó en el mismo delito, a mi hermano un supuesto cliente le pidió 50.000 pesos”, zanja.

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