El mito de las alternativas saludables al tabaco: los cigarrillos electrónicos también son perjudiciales

Pese a que los expertos advierten del riesgo de los vapeadores y las pipas de agua como puerta de entrada a la adicción a la nicotina, más del 40% de los adolescentes españoles ya los ha probado.

Un episodio de estrés, el año pasado, hizo que Alberto Verdejo, de 27 años, recayera en su adicción al tabaco después de un año sin probarlo. Hace cuatro meses comenzó a utilizar cigarrillos electrónicos con nicotina de manera asidua para reducir su consumo, aunque no confiaba mucho en el mito de los vapeadores como alternativa saludable al tabaco. Primero usó pods desechables, dispositivos pequeños (más o menos del tamaño de un dedo). Ofrecen entre 400 y 600 caladas y, en general, los precios oscilan de seis a diez euros. Cuando se acaba, se tira a la basura y se compra otro. Después se pasó a los recargables: “Son más baratos”, aclara. Estos son más grandes y llevan un depósito que se rellena con un líquido que se adquiere en tiendas especializadas, estancos o en internet. Ambos se pueden utilizar con y sin nicotina.

Esteve Fernández, director del Instituto Catalán de Oncología (ICO) y Carlos Rábade, Coordinador del área de tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), afirman que, tanto el cigarrillo electrónico como las pipas de agua o shishas no son “alternativas saludables” al tabaco tradicional. Al contrario, en muchos casos se trata de puertas de entrada para los adolescentes hacia la adicción a la nicotina. Esta es una cuestión que preocupa especialmente en el área de tabaquismo de Separ, sobre todo su consumo por parte de los jóvenes, que los ven como dispositivos inocuos. Rábade apunta que la nicotina tarda 10 segundos en llegar al cerebro y en el caso de los adolescentes es más probable que aparezca una dependencia.

En 2021, el 44,3% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ya había probado en alguna ocasión los cigarrillos electrónicos y el 22,8% en el último año, según la Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes). La mayoría, un 60,7%, sin nicotina, lo que no los hace menos peligrosos. El director del ICO advierte de que estos productos, con y sin nicotina, tienen “un cierto riesgo de infarto de miocardio”. La principal diferencia entre Dispositivos Susceptibles de Liberación de Nicotina (DSLN) y el cigarrillo manufacturado es que en el primero no hay proceso de combustión. El vapor es producto del calentamiento del líquido que contienen a través de una resistencia.

En 2019, solo el 12,1% de los adolescentes consideraba que utilizar vapeadores una vez al mes podía ser dañino para la salud, según un informe sobre cigarrillos electrónicos realizado por el Ministerio de Sanidad, con los datos de la Estudes de 2019 y publicado este año. Hay una percepción similar sobre las pipas de agua. Casi el 40% de los adolescentes atribuyen poco o ningún riesgo a fumar tabaco de esta forma, según un estudio realizado por investigadores gallegos el pasado abril.

Una sesión de shisha equivale a entre 25 y 50 cigarrillos tradicionales, dice la investigación. Fernández cuenta que en una calada de cachimba (otro de los nombres que recibe) se pueden aspirar incluso más sustancias cancerígenas que en una de tabaco convencional porque, generalmente, es más larga y más profunda. Cuanto más tiempo dure la inhalación, más sustancias de este tipo entran en el organismo. También avisa de que la combustión que necesita este tabaco, con un carbón especial, mal hecha, puede provocar intoxicaciones por monóxido de carbono.

Sobre los vapeadores, Carlos Rábade, coordinador de tabaquismo del Separ, advierte: “Tienen menos sustancias nocivas, pero eso no significa que tenga menos riesgo que el tabaco”. Además de agentes cancerígenos, contienen sustancias como el propilenglicol, la glicerina, los aldehídos y los saborizantes, que se relacionan con la irritación pulmonar y afecciones respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una de las cuatro causas principales de muerte y discapacidad en el mundo, que causa dificultad para respirar, tos, producción de moco (esputo) y sibilancia. El propilenglicol y la glicerina están presentes en muchos alimentos y cosméticos de forma inocua. Sin embargo, son perjudiciales cuando se usan en combustión, se inhalan o se aspiran, como es el caso de los cigarrillos electrónicos.

La inhalación de los aerosoles de cigarrillos electrónicos provoca arritmias cardíacas y altera la repolarización ventricular —una etapa de la actividad eléctrica del corazón— y la frecuencia cardiaca, según un estudio realizado en ratones y publicado hoy en la revista Nature. Los investigadores sugieren que la naturaleza y el impacto de las consecuencias puede depender de las sustancias que contengan estos dispositivos, como la nicotina, los disolventes y los saborizantes. Concretamente, han visto que los líquidos con sabor a mentol afectan a la conducción auricular —el transporte de impulsos eléctricos a través de las aurículas del corazón—. Varios de los efectos, entre ellos el aumento de la frecuencia cardiaca, se mantenían después de la exposición.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) de México comunicó la semana pasada que en una investigación se habían encontrado hasta 30 sustancias más de las que se indican en los envases de estos productos, que son el propilenglicol, la glicerina y los saborizantes. Entre los elementos hallaron linalol, un componente de los insecticidas; dimetil éter, utilizado en pinturas en aerosol y altamente inflamable; alcohol bencílico, usado en cosméticos y jabones o productos de limpieza, y propionato de etilo, un componente que causa el mal olor en el sudor. El Gobierno mexicano prohibió la “circulación y comercialización” de cigarrillos electrónicos el pasado mayo.

Ya existe una patología relacionada con el uso de estos dispositivos: la lesión pulmonar asociada al cigarrillo electrónico o el vapeo (EVALI por sus siglas en inglés). Apareció en Estados Unidos en 2019 y los últimos datos conocidos se refieren a 2.668 afectados y 68 muertos, casi todos en el país norteamericano. Entre sus síntomas se encuentran la tos, dificultad para respirar y el dolor en el pecho, entre otros. También puede causar fiebre, escalofríos o pérdida de peso, afirman desde el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) del país norteamericano. En Europa solo se ha dado un caso en Bélgica y otros dos en Francia. Estos últimos, de turistas estadounidenses que estaban de visita en el país.

La enfermedad se relaciona con el acetato de Vitamina E, un componente que puede estar presente en los líquidos de los cigarrillos electrónicos como espesante, sobre todo en los que contienen tetrahidrocannabinol (THC), uno de los componentes químicos del cannabis. La legislación europea prohíbe el uso de vitaminas como ingrediente o aditivo en los líquidos, lo que explica la mínima incidencia de la enfermedad en este territorio.

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